Educación de la emociones en las etapas infantiles y preescolar

Es esencial entender el proceso emocional para no cometer errores

Educación de la emociones en las etapas infantiles y preescolar

“Cuando pones fe, esperanza y amor juntos,
puedes criar niños positivos en un mundo negativo”
Zenón de Elea

 

Este es un tema muy sensible, principalmente cuando los padres no han educado sus propias emociones, y eso les impide o les dificulta poder enseñar lo que realmente no se domina. Por esta razón hemos incluido este tema en las etapas de vida infantil, un momento en que debemos entender muy bien cómo se da el proceso emocional de nuestros hijos, para no cometer, como en en algunos casos, los mismos errores que cometieron con nosotros, claro está, por desconocimiento de esta información, antes reservada para los expertos.

Las emociones suelen definirse como el componente sentimental o afectivo de la conducta humana. Algunas teorías nos explican que las emociones son en realidad, comunicaciones, a uno mismo y a los demás y que se relacionan con los acontecimientos que se relacionan con metas importantes. Por ejemplo, la tristeza nos está comunicando que un suceso específico, no satisfizo una meta importante; vamos a suponer que Lucy espera que mamá le compre un osito, pero en lugar de esto le llevan una pelota; esto la lleva a experimentar tristeza, pues sus expectativas no se cumplieron. De igual forma, la alegría tiene que ver con la forma en que vemos cumplidas nuestras metas o expectativas.

En una edad temprana, los niños no saben la forma de interpretar las emociones de los demás. El recién nacido no es capaz de interpretar las expresiones faciales de los padres, sin embargo, entre los 3 y los 6 meses comienzan a identificar estas, incluso de interpretarlas.

Durante la edad preescolar, los niños son cada vez más capaces de inferir (extraer una conclusión) las emociones de la gente, e interpretar las suyas propias aunque de manera no muy precisa. Experimentos sobre las emociones y las formas en que los niños menores de 6 ó 7 años las expresan nos muestran que en lo que se refiere a ellos mismos, es muy frecuente que pasen de un estado triste a uno alegre dentro de una misma historia que les cuente un adulto. Es sorprendente observar que raras veces se les ocurre que puedan estar más tristes o menos tristes, más felices o menos felices, pues no son capaces de manejar en grados los sentimientos. Los niños mayores de 6 ó 7 años, sí logran hacerlo. En relación a identificar los sentimientos de los demás, los niños menores a 6 años comprenden que el “otro” se sienta bien o mal, simplemente porque lo ve que llora o que ríe. Esta capacidad de analizar las emociones de los demás se va logrando con la madurez de la edad.

Es muy común que un niño menor a 4 años no sea capaz de diferenciar entre las emociones reales y las fingidas. Pasando esta edad comprenden que engañar a los demás, es hacerles creer cosas que no son ciertas.
El control de las emociones en los infantes y en los niños preescolares son generalmente situacionales y conductuales más que cognitivas; es decir, reactivas a los acontecimientos más que ideas razonadas. Un ejemplo, cuando los chicos escuchan las campanillas del coche de los helados, corren con su mamá para que les de dinero y poder comprar, y lo hacen de forma mecanizada. Otro ejemplo, cuando escuchan un cuento que ya conoce, al momento de llegar a un párrafo donde ocurren cosas de horror, antes de ellos escuchen estas partes feas, se tapan los ojos o los oídos. De forma contraria, el control de las emociones de los niños mayores es más cognoscitivo: “una manera de no ponerme triste porque mi gatito se murió, es no pensar en eso”.

Los niños desde muy pequeños comienzan a aprender dónde se puede y dónde no, cuándo si y cuándo no, expresar sus emociones, a este saber se le llama “las reglas de la manifestación” . Parte del aprendizaje de estas reglas, implica descubrir que la emoción expresada, no siempre corresponde a la subyacente, es decir, un niño desde muy pequeño es capaz de sonreír cuando miente, o de pretender que no le duele porque le avergüenza llorar. Observamos también cómo estos pequeños aprenden a controlar sus expresiones emocionales antes de darse cuenta de los efectos que tiene su conducta en los demás.

En este sentido podemos citar las etapas psicosociales de Erik Erikson:

Etapa Edad aproximada Principal tarea de desarrollo

Autonomía versus vergüenza y vacilación
De 18 meses a 3 años Desarrollar un sentido de control y dominio de los actos; aprender que se es autónomo, que las intenciones se pueden realizar; superar el impulso de volver a la comodidad de permitir a los padres, en especial a la madre, hacer todas las cosas importantes.
Iniciativa versus culpa De 3 años a 6 años Desarrollar un sentido de identidad, en gran medida por medio de la identificación con los padres; desarrollar un mayor sentido de responsabilidad por las propias acciones; lograr una independencia progresiva de los padres.

MED Ana María Schwarz
mujer_nl@hotmail.com


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