Presta atención a sus genitales

Algunos problemas que pueden presentarse en niñas y niños

Presta atención a sus genitales

Por regla general, la primera impresión nunca es la que cuenta. Por eso, no te asustes, ni presumas cuando veas los genitales de tu bebé recién nacido. Los varones suelen tener el escroto (la bolsa que contiene los testículos) voluminosos, con arrugas y ligeramente pigmentado, salvo que en los que han nacido después de la semana 40 de gestación, que tienen la bolsa escrotal mucho más oscura.

En ocasiones puede estar hinchada debido a que las membranas que envuelven los testículos acumulan líquido que se reabsorbe antes del año. También es algo muy normal que el pequeño tenga erecciones, sobre todo al despertarse por las mañanas.

En los genitales de las niñas llama la atención su prominencia, que irá disminuyendo a lo largo de las primeras semanas de vida, y algunas de ellas muestran durante los primeros días un ligero sangrado vaginal, que no debe ser motivo de preocupación, pues se debe a la influencia de las hormonas maternas; en unos días desaparecerá.

Las niñas prematuras presentan genitales inmaduros: los labios mayores no cubren a los menores, pero con el tiempo esta situación se corrige sola.

Todas estas particularidades están dentro de lo normal, pero a veces existen ciertos problemas sobre los que hay que actuar.

¿Y si sufre fimosis?
Lo que vulgarmente conocemos como fimosis, es decir que la piel que cubre el glande del pene no se puede retraer porque el orificio es muy pequeño, afecta al 99 de los recién nacidos.
 

Pero no siempre es una auténtica fimosis. Es frecuente que a lo largo del primer año el orificio se vaya ensanchando y permita dejar el glande al descubierto.

Si después del año el problema aún persiste, el pediatra te recomendará que cada día retires, manualmente y con mucho cuidado, la piel del prepucio hacia atrás, hasta que pueda verse el glande.

Se trata de una maniobra poco molesta, pero eficaz, sobre todo en fimosis de pequeña intensidad, que exige mucha constancia, ya que hay que realizarla todos los días poco a poco, hasta conseguirlo, resulta menos molesta para el pequeño cuando se lleva a cabo dentro del baño.

Pero debes tener en cuenta el grado de fimosis: en las muy cerradas (el orificio es tan estrecho que cuando orina se le forma una especie de globo en el prepucio) conviene ser cuidadosa con la maniobra para evitar desgarres o, incluso, un estrangulamiento del glande. En estos casos el pediatra es quien realiza la maniobra hasta conseguir la suficiente dilatación; después te dirá como hacerla en casa.

Cuando la dilatación manual no consigue su objetivo hay que recurrir a la cirugía, especialmente si la fimosis origina infecciones locales o urinarias. Una infección en el pene se manifiesta con enrojecimiento, hinchazón, dolor y a veces supuración.

La operación , que se suele realizar a partir de los 4 años, dura aproximadamente 12 minutos y requiere anestesia general para conseguir una inmovilidad total del niño. Consiste en hacer una circuncisión parcial: se extirpa sólo una parte del prepucio, de forma que el glande no quede totalmente descubierto, sino que se mantenga cubierto en un 60 , ya que asó se evitan muchos problemas de sensibilidad en la zona.

Se trata de una cirugía ambulatoria. Después de la operación se recomienda que laves la zona con agua tibia y que apliques una pomada anestésica. En 48 horas, el niño vuelve a su vida normal. Es importante que, una vez hecha la circuncisión, sigas retrayendo la piel del prepucio hacia atrás para que evites adherencias y que vuelva a cerrarse.

Hernias y líquido acumulado
Entre los niños es frecuente el hidrocele comunicante, un problema que suele afectar a un 40 de los recién nacidos. Se trata de una acumulación de líquido alrededor de las membranas que envuelven los testículos y que está originada por la abertura del conducto peritoneo inguinal.

Lo normal es que este conducto permanezca abierto durante la vida fetal y se cierre al nacer. En la mayoría de los casos, el problema se corrige por sí solo durante el primer año. El conducto se cierra y el líquido se reabsorbe, pero si esto no sucede hay que recurrir a la cirugía.

En algunos niños, la abertura del conducto es tan ancha que, además del líquido, también puede entrar desde el abdomen una porción de intestino, dando lugar a una hernia inguinal que no se detecta en el nacimiento, ya que en la mayoría de los casos aparece después.

Se trata de un bulto grande, del tamaño de una nuez, localizado en la ingle, que aparece y desaparece. Se hace visible cuando el niño realiza esfuerzos para toser, llorar o reír, y desparece cuando está tranquilo. Se debe operar cuanto antes para evitar el riesgo de que se complique con un estrangulamiento del intestino.

Esto ocurre cuando una porción del mismo queda oprimida en el canal inguinal y no puede salir, provocando en el niño un dolor intenso, vómitos y ausencia de deposiciones. Precisa atención de urgencia.

Las hernias inguinales son más frecuentes entre los varones, aunque también pueden afectar a las niñas. Cuando aparece en ellas, suele ser uno de los ovarios el que se introduce en la ingle, con el consiguiente riesgo de perderlo, es motivo de consulta urgente.

Testículo ausente o que no ha descendido
Otro problema que padece el niño recién nacido es la criptorquidia o testículo no descendido. Poco antes de nacer, los testículos descienden desde el abdomen, lugar donde se forman en la vida fetal, hasta el escroto a través del canal inguinal.

En la primera exploración del recién nacido, el neonatólogo palpa el escroto para ver si los testículos han descendido. Si falta uno ( o los dos) , significa que aún está en el abdomen. El especialista suele esperar entre 18 y 24 meses para que descienda por sí solo. Pasado este tiempo se recurre al tratamiento hormonal o a la cirugía.

El primero tiene un porcentaje de éxito del 10 , mientras que la cirugía es definitiva. No hay que confundir la criptorquidia con los testículos en ascensor. Este último carece de importancia y se produce cuando el músculo que recubre el testículo se contrae ante un estímulo externo (como el frío) y desplaza el testículo hacia arriba.

Labios menores más o menos cerrados
Aunque no es frecuente, ya que sólo se presenta en un 1 de las niñas, puede ocurrir que los labios menores de la zona genital estén sellados (se conoce como sinequia). Al separar los labios mayores, se observa una membrana muy fina y blanquecina que une los labios menores total o parcialmente.

En la mayoría de los casos el problema aparece después del nacimiento y suele deberse a un bajo nivel de hormonas o a algún traumatismo leve o irritación. Un exceso de limpieza también puede erosionar las mucosas y originar un sellado de los labios menores.

Si el sellado es total existe el riesgo de micción vaginal, es decir, cada vez que la pequeña orine, el líquido caerá por debajo del sellado en dirección al orificio vaginal, provocando irritación y riesgo de infección.

El especialista separará los labios sellados en cuanto lo detecte. Se trata de una maniobra sencilla, pero dolorosa, que dura 10 segundos. La utilización de anestesia depende de la decisión de los padres, aunque en niñas de más de un año se recomienda para evitar que se muevan y reducir el dolor. Después, hay que aplicar una pomada de estrógenos durante un tiempo para evitar que vuelvan a sellarse.

Otro problema que pueden presentar las niñas es la imperforación del himen (afectan al

1 ). En algunas recién nacidas se puede ver el himen abombado, una membrana de color blanquecino que asoma por el orificio vaginal. Se suele detectar al nacer y lo abre el especialista en las primeras semanas de vida, mediante un pequeño corte sin anestesia.

Es un corte ligerísimo que no afecta la virginidad, ya que anatómicamente el himen está perforado para darle paso a la menstruación y las secreciones vaginales.

Cómo realizar la higiene diaria
La forma de asear sus genitales es muy importante. Como norma general, en las niñas hay que limpiar siempre de delante hacia atrás, para evitar la entrada de restos de heces y gérmenes en la vagina o en la uretra, situación que favorece la aparición de infecciones urinarias. En los bebés se manifiestan con fiebre, inapetencia, diarrea o vómitos y se detecta mediante análisis de sangre.
 

En el varón.-
La higiene de los genitales no tiene ninguna complicación, aunque si se aconseja limpiar con agua o con una toallita las secreciones que se hayan podido acumular entre el prepucio y el glande para evitar posibles irritaciones, sobre todo si tiene fimosis.
 

En la niña.-
Suele ser más propensa a padecer infecciones urinarias por la proximidad entre el ano y la uretra (conviene cambiarla de pañal con mucha frecuencia y lo antes posible si hace popó). Se recomienda que la higiene diaria se realice con agua y jabón neutro o con una toallita húmeda.

También conviene secar la zona con cuidado, incluidos los pliegues, y no aplicar talcos. Si existe irritación en la vulva (genitales externos), el pediatra indicará el tratamiento. Si la irritación es en las pompitas y hay que aplicar una crema, se debe tener la precaución de extenderla únicamente por los labios mayores, nunca por el interior.

 


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