Cómo y cuándo disciplinar a nuestros hijos

¿A qué edad piensas que es necesario empezar a disciplinar a tu hijo?

Cómo y cuándo disciplinar a nuestros hijos

Cometemos dos tipos de equivocaciones al disciplinar a nuestro hijo

Consentirlo y dejarlo hacer lo que quiera, o exigirle un comportamiento maduro cuando aún no está preparado son dos errores muy frecuentes. A veces pasamos de un extremo a otro, y eso le puede causar más confusión al niño.

Algunos padres tenemos miedo de perder el amor de nuestro hijo si ejercemos la autoridad

Tal vez no nos atrevemos a marcar límites porque no deseamos imponerle una educación tan dura como la que nosotros recibimos. Sin embargo, esto es hacer vivir al niño en un mundo irreal. Si nos doblegamos a sus caprichos y él no tiene que responsabilizarse de su conducta ni considerar los sentimientos o necesidades de los demás, no podrá aprender a ponerse de acuerdo ni a llegar a tratos justos; no sabrá cómo relacionarse y se sentirá incapaz.

Ceder a los reclamos, gritos, llantos o ruegos del niño y cambiar nuestras decisiones para satisfacer sus deseos lo tendrá contento por un rato, pero en el fondo nos perderá el respeto y no se sentirá ni cuidado ni protegido.

El pequeño no sólo admite nuestra autoridad sino que la busca y la provoca. Cuando no encuentra límites, se vuelve cada vez más desafiante: necesita probar hasta dónde le permitimos llegar.

Los padres muy exigentes tampoco favorecemos la autonomía y la seguridad de nuestro hijo

Si somos muy duros con él, el niño vivirá con miedo e irá abandonando sus propios deseos para obedecer a los demás. Podrá mostrarse débil y dependiente, o agresivo y desafiante, pero en los dos casos irá guardando sentimientos tan destructivos para él como la tristeza y el resentimiento.

¿Cómo encontrar el equilibrio al disciplinar?

Hay que tomar en cuenta la personalidad de nuestro hijo y saber que el niño es lo que importa. La disciplina debe adaptarse a sus características y no al revés.

Cada niño es único. Incluso en la misma familia no podemos aplicar la misma disciplina a niños diferentes. Un pequeño sensible y frágil requiere menos fuerza que un niño fuerte y activo; un niño con un mayor desarrollo del lenguaje necesita más explicaciones. También es importante comprender el momento por el que está pasando el niño y observar si se siente cansado, enfermo, angustiado, triste o temeroso; si necesita más suavidad o más firmeza; si ya superó una etapa y está iniciando la siguiente, si ahora requiere reglas y hábitos más adecuados a sus nuevas habilidades.

Para ser eficaz, la disciplina ha de ajustarse a la edad del niño

Los padres tenemos que observar a nuestro hijo, calcular qué puede lograr y qué no, y evitar exigirle algo para lo que no está preparado. Es inútil pedir a un niño de esta edad que se siente tranquilo y callado en una visita formal a su tía, o que sepa todas las reglas de cortesía a los tres años. Necesitamos saber qué podemos enseñarle en cada momento de su desarrollo.

En los primeros ocho meses, el bebé no requiere disciplina propiamente dicha

Lo que debemos hacer es ayudarlo a establecer las rutinas de higiene, sueño y alimentación. El niño necesita aprender a poner orden en sus hábitos y horarios, y eso lo logra más con nuestros cuidados que con disciplina.

¿Cuándo empezar a disciplinar?

La primera vez que el niño acerca la mano a un objeto prohibido o hace algo que sabe que no nos gusta y se asegura de que lo estamos mirando, es claro que está pidiendo límites y necesita que le ayudemos a controlarse. Es el momento de aplicar la disciplina. Este tipo de comportamientos coincide con el gateo, alrededor de los ocho o nueve meses, y se intensifica cuando el pequeño aprende a caminar. La independencia que adquiere al poder moverse de un sitio a otro le produce una enorme satisfacción, pero también le da miedo; quiere explorarlo todo, pero no sabe hasta dónde llegar. Entonces se asusta y nos provoca para que le marquemos las fronteras que él no tiene claras todavía.

La rebeldía del niño pequeño es una expresión sana de su crecimiento y una forma de aprender a comportarse

Si comprendemos su proceso, será más sencillo marcarle límites claros y hacerlo de manera tranquila, sin enojarnos con él. La disciplina que establezcamos ha de ser directa y amorosa. Podríamos llamar su atención hacia otra actividad interesante, y si no resultara, quitarlo físicamente de donde está, con firmeza y suavidad, pues hasta que su lenguaje se desarrolle más ampliamente, no es posible razonar con él.

A partir de los dos años, conviene acompañar la disciplina con una explicación

Cuando comienza una conducta negativa del niño es necesario detenerla de inmediato: cargarlo, sentarlo en una silla, llevarlo a otro lugar hasta que se calme, sentarnos junto a él unos minutos y después explicarle por qué no aceptamos lo que hizo y por qué es necesario que le ayudemos a controlarse. El niño tiene que saber cómo afecta su comportamiento a otros o a él mismo, y qué puede hacer para solucionar el problema. “Te quiero mucho, pero no puedo permitir que

rompas los juguetes de tu hermana. ¿Qué vas a hacer ahora para que ella no esté triste?” Es fundamental distinguir claramente entre el rechazo de la conducta errónea y la aceptación y amor a nuestro hijo. Después de disciplinarlo, las caricias y abrazos nos hacen mucho bien tanto al niño como a los padres.

Lo importante es que el niño se sienta cada vez más seguro y capaz de tomar sus propias decisiones y de convivir en armonía con otras personas.

 

Comentarios

1/01/2009 3:53:52 p.m.

Que buen articulo!!!
BrisaHunter

11/03/2010 3:54:21 p.m.

Este articulo esta muy bien y me saco de algunas dudas, gracias
CLD78

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