Cuando eres soltera la televisión en tu habitación es casi indispensable. Es solamente para ti, y tú decides qué quieres ver y cuándo lo quieres ver (claro, si no tienes hermanas o duermes sola).
Pero sucede que te casas, que todo lo compartes con tu pareja; casa, habitación, baño, cama, y hasta la televisión… ¿y ahora, quién llevará el control? ¿Quién decide qué, cómo y cuándo?
Por absurdo que parezca, la televisión en la habitación de un matrimonio va más allá de buscar un equilibrio entre información, formación y entretenimiento; puede resultar un motivo de conflicto.
Si la pareja comparte los mismos gustos y preferencias en la programación y los horarios de sueño, los conflictos pueden ser menores, pero cuando esto no es así, suelen escucharse frases como “apaga la tele, me quiero dormir”, “no me gusta ese programa, dame el control”, “¡otra vez futbol!”, “si te pones a ver novelas mejor me voy”, etc.
Y peor aún, el intercambio de frases suele aumentar si la televisión está conectada al “Home Teather” y al reproductor de DVD.
Es cierto que la televisión tiene grandes ventajas, pero también grandes efectos en la vida social. Falta de comunicación, disminución de las actividades en pareja, familia y amigos, discusiones en la toma de decisiones, problemas de sobrepeso, vida pasiva, son tan solo algunas de esas desventajas.
¿Qué hacer? Antes de poner la televisión en la misma habitación donde duermen, platica con tu pareja de los pros y contras (incluyendo el qué van a ver y quién llevará el control); quizá sea mejor asignar otro espacio para este polémico medio de entretenimiento.